El canal de Panamá y el paradigma neoliberal

Es siempre igual. Los precios de partida son sólo una señal para quedarse con la “licitación” que, en estas condiciones, no es más que una mascarada en la que los otros “competidores” se hacen a un lado y resignan el bocado, total tarde o temprano tendrán el suyo, bajo el mismo paradigma. Conscientes de que estamos en sus manos, las multinacionales se reparten el mundo en el mejor estilo de la mafia, bajo el imperativo de vive y deja vivir. A condición de que sean negocios entre ellas, claro.

La cháchara neoliberal de la ineficiencia del Estado -por sus altos costes y largas demoras- para encarar grandes emprendimientos muestra su verdad, que es bifronte: de un lado -efectivamente- costes más bajos, vía subcontratas, empleos a tiempo parcial, precariedad social, super explotación de la mano de obra, en fin. Y, del otro: ríos de dinero para mantener costosos lobbys en los centros de decisión, financiar “estudios” de intachables especialistas que garantizarán el reaseguro jurídico y medioambiental del proyecto, sobornos a políticos y funcionarios gubernamentales, etc.

Y, finalmente, cuando se han sobrepasado todos los costes asumibles decir: o nos dan una diferencia, o lo dejamos todo. Y, en caso de los Estados se nieguen, tienen el CIADI y otras instituciones imparciales, para dirimir el diferendo.

Entonces, ¿cuál es el balance de resultados?

a) precios finales absolutamente alejados de los propuestos en la “licitación”;

b) sobreexplotación de ingentes masas de asalariados que, después de la sangría, engrosarán el pasivo social; este sí a cargo del erario público (nuestros recursos, digamos);

c)frecuentemente irreparables daños medioambientales, producto de una mínima inversión en prevenirlos,

evitarlosy/o subsanarlos;

d) profusión de Bárcenas y de PP´s-PSOE´s corruptos que alimentan a sus formaciones a través de los donativos de las empresas beneficiarias;

e) implementación de las puertas giratorias por las que pasarán a la actividad privada aquellos políticos y funcionarios retirados que hayan trabajado para la causa (Felipe González, Aznar, Elena Salgado, etc.);

f) una total opacidad respecto de este balance final, que sus medios de (des)información masiva y periodistas de no – me – entero – de – ná se encargan de que llegue a la población para mantenerla debidamente anestesiada.

Ante este panorama desolador, creemos que la REVOLUCIÓN que necesitamos, no pasa por anteponer al autofágico paradigma neoliberal otro anacronismo: el viejo Estado -supuestamente socialista- hoy en manos de los Putin, o los Xi Jinping, sino sociedades verdaderamente democráticas y transparentes, comunistas en el mejor sentido de la palabra: la disponibilidad social de los recursos materiales e inmateriales comunes, de lo que es de todos.

También creemos que la única garantía de funcionamiento de esta propuesta es la participación activa de la población en su gestión. Y, claro que sí, la intervención del Estado en la gestión económica y administrativa de la sociedad; pero no como la única vía posible: sino también, profusión de cooperativas, asociaciones de productores y consumidores, y todas las nuevas formas que la sociedad se vaya dando, en la conformación de nuevos modelos de organización y de gestión de la vida.

¡Ah! y, por supuesto, echar mano -por los medios que sean necesarios- de los inmensos bolsones de riqueza acumulados en paraísos fiscales, fondos de inversión y demás nichos de absoluta opacidad en los que el 1% atesora sus sangrientas fortunas. Acabamos de saber que los 300 más ricos del mundo las han incrementado en 5.400 millones de euros. Sólo en 2013. No es más que un expolio social obtenido por las vías que La Ley (hecha a la medida de sus intereses) les posibilita, amasado -este sí- con sangre, sudor y lágrimas del 99%. No va a ser fácil, ni pacífico probablemente; nada indica que vayan a estar dispuestos a cederlos por las buenas.

Y que quede claro, esto no es un modelo, sino un PROCESO, en el que  las mayorías sociales puedan poner todo su empeño en dar una alternativa a paradigmas que han demostrado su anacronismo.

¿Que esto es una vana ilusión que la gente no irá a suscribir jamás? Es posible, aunque sería una pena que prefiriera seguir apoyando a quienes afirman que todos procedemos de una señora que nunca fue fecundada, cuyo cornudo marido ha preferido ocultar la evidente infidelidad, con tal de que el verdadero padre pudiera legarnos la prueba de su existencia y de su poder: un pobre hombre masacrado a la temprana edad de 33 años, que por toda respuesta supo poner la otra mejilla.

Convengamos que, al lado de esto, el nuestro es un modesto guión, carente del mínimo vuelo.

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